Compartir
"Dudo que no haya habido alguien, que no insultara a los árbitros de la Copa de Oro que se pasearon en Costa Rica y Panamá o en especial remitente a los personeros de la Concacaf. ¿Cuántos insultos dijo usted cuando la FIFA obligó a la Sele a jugar en la nieve de Denver?".

Todos recordamos al Tano Pasman gritar, maldecir, berrear y, cómo no, insultar a su equipo River Plate cuando descendía a la “B” en Argentina, que es decir la Segunda División nuestra. ¡Cómo nos hizo reír aquel viejo gritarle al tele! Pero el viejo lo hacía por salud emocional y, sobre todo, sentimiento.

El vídeo de hincha de River fue viral en redes sociales e hizo del viejo una celebridad en Argentina, tanto que la BBC lo entrevistó luego de que River Plate hiciera mesa gallega en las diferentes competiciones que participó y ganó en Sudamérica.

El estadio, la cancha, el tablón, es el escenario idóneo para insultar a diestra y siniestra y qué rico se siente, qué rico es salir afónico de un estadio o luego de ver una mejenga, sea de la Sele o del equipo de nuestros amores. Soy un defensor absoluto del insulto en una cancha. El insulto es necesario, sano, nos libera y nos sintoniza de nuevo con la cotidianidad.

Los puritanos se ofenden con los insultos en un estadio, empezando por algunos periodistas deportivos. Peores insultos podemos oír en la Asamblea Legislativa o en un culto o una iglesia.

Pero ojo: yo invito al insulto inteligente, al insulto sarcástico, al insulto que sea elaborado. Estoy en total desacuerdo con los insultos homofóbicos, racistas y misóginos que lamentablemente están llenos nuestros estadios.

Dudo que no haya habido alguien, que no insultara a los árbitros de la Copa de Oro que se pasearon en Costa Rica y Panamá o en especial remitente a los personeros de la Concacaf. ¿Cuántos insultos dijo usted cuando la FIFA obligó a la Sele a jugar en la nieve de Denver?

Pero a veces hay un límite del insulto, porque el verdadero insulto es espontáneo, efímero, sólo para desahogar, liberarse, para ponerse en sintonía. Un latigazo que arde y pica. Algo que va más allá de un simple insulto raya en alguna patología a tratarse.

Podemos recordar, el acoso, la basureada, o como se dice ahora –’bullyin‘– que sufrió el pobre guardameta Víctor Bolívar en los diferentes estadios a los que iba a jugar. Está jocoso una vez, rápido, simple, pero repetirlo hasta el hartazgo es cosa seria y revela una mala salud mental.

"El acoso que sufrió el pobre guardameta Víctor Bolívar en los diferentes estadios está jocoso una vez,, pero repetirlo hasta el hartazgo es cosa seria y revela una mala salud mental".
“El acoso que sufrió el pobre guardameta Víctor Bolívar en los diferentes estadios está jocoso una vez,, pero repetirlo hasta el hartazgo es cosa seria y revela una mala salud mental”.

Me gustan los insultos escatológicos. Me parece que no se puede ser más que nuestras propias heces.

En todo caso creo que un insulto inteligente debe ir enfocado con el talento del jugador antes que en sus gustos o estilo de vida, por ejemplo prefiero llamar a un jugador “malo” “tuerca” que “teta” o “perra”. Denigrar una teta como insulto no solo revela los tufos pestilentes del patriarcado, sino también la ignorancia de quien lo usa a manera de insulto. De una teta sale nuestro primer bocado, y una teta es un objeto de adoración y placer, como lo dice María del Mar Obando en este artículo, que recomiendo leer.

A “Perra”, no le hallo sentido ofensivo. Una pobre perra callejera no tiene la culpa que Saborío le cueste patear una bola con técnica. Ahora si se dice para bajarle los atestados masculinos a un jugador y hacerlo ver femenino, es otra muestra no solo de nuestro doble discurso sino además de la mediocridad de quien lo hace. Como si una mujer fuera un insulto. ¡Cuánta ignorancia e inoperancia de neuronas!

Lo curioso y lo divertido, que esa misma persona que usa “perra”, “teta”, o el clásico “patee como hombre” en un estadio es el primero que pone frases edulcorantes en su Facebook el día de la madre o que tiró la piedra en su muro de Facebook luego de la agresión que hizo Paul Mayorga a una jugadora del equipo femenino de Saprissa. ¡No sea hipócrita ni oportunista!

El mentar la madre, es un legado que costara quitarse de encima, es casi el primer insulto que decimos cuando empezamos a insultar. Porque muchas veces ofender a una madre es lo más bajo como nos lo enseño la sociedad conservadora y religiosa en la que vivimos. La madre es lo más sagrado que puede haber gracias a las dosis de catecismo que muchos recibimos desde niños, donde los curas o monjitas ponían por todo lo alto la idea de la maternidad acuñada por la quinceañera Virgen María que quedó preñada por Dios sin consultarlo.

De igual manera, hay que hacer de lado los insultos racistas, clasistas, misóginos o homofóbicos que esa misma sociedad religiosa doble moral que nos enseñó, también nos hizo creer que ser negro o gay, lesbiana, es una circunstancia peyorativa. Ni ser mujer, ni ser negro, ni ser gay es insulto; el insulto es quien lo dice, es decir el famoso insulto andante.

Existen muchas otras maneras de insultar, nada cuesta ponerse a pensar que insulto decir, algo divertido y más con el talento, la actitud, o aptitud del jugador en la cancha, que a sus gustos o apariencia.

Los invito a ser creativos con los insultos, piense un poquito. Lo invito a hacerlo.

PD: Les recuerdo, esta es una columna de opinión, usted puede o no estar de acuerdo conmigo. No es una noticia. La subjetividad no existe. Gracias. Recuerden leo todos sus comentarios.

Compartir
Artículo anteriorFaltan 1.000 días para el Mundial de Rusia 2018
Artículo siguienteMuere exentrenador Freddy Ternero, el más exitoso técnico de Perú
Ha publicado el cuentario Finales aparentes 2008 y la novela Bajo la lluvia Dios no existe 2011 ( Premio Nacional Aquileo J. Echeverría 2011) Ambos libros fueron publicados por Uruk Editores y Elefantes de grafito (2015). Participó en la feria del libro de Fráncfort, Alemania, el festival Centroamérica Cuenta, Nicaragua y del programa Latinoamérica viva, de la feria del libro de Guadalajara. Su cuento “El sacrofetichista” fue incluido en la antología “Un espejo roto” de Sergio Ramírez y traducido al alemán para la antología Zwischen Süd und Nord, Neue Erzähler aus Mittelemaerika. Actualmente, es director de la revista literaria centroamericana www.literofilia.com además de locutor y director del programa radial: Literofilia Radio, transmitido por Radio Nacional, 101,5 fm.

1 Comentario

  1. “Les recuerdo, esta es una columna de opinión, usted puede o no estar de acuerdo conmigo. No es una noticia. La subjetividad no existe. Gracias. Recuerden leo todos sus comentarios”.

    No será más bien: la OBJETIVIDAD no existe. ¡Qué barbaridad!, de verdad que ahora cualquiera, como dice el bueno de Eco, se siente con derecho a emitir una opinión.

Dejar una respuesta