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Ojalá esta dantesca escena ocurrida en el estadio Mateo Flores no se repita nunca. (Foto domada de Camerino Crema).

El fútbol es un deporte muy hermoso. Desde que era niño ha sido parte de mi vida hasta el día de hoy.

He vivido buenos momentos y algunos han sido difíciles. De todos he aprendido muchos aspectos que me han servido para mi crecimiento como persona.

Pero hay un acontecimiento en particular que me marcó para siembre.

Ocurrió hace 19 años, exactamente la noche del 16 octubre 1996, rumbo al Mundial de Francia 1998 y yo lo presencié en vivo y a todo color.

El macabro escenario fue en estadio Mateo Flores de Guatemala, un país que hoy me ha acogido muy bien como entrenador.

Esa noche estaba programado un partido eliminatorio entre las selecciones de Guatemala y Costa Rica. Pero la fiesta del fútbol se trocó por una de las más grandes tragedias del fútbol mundial en la que murieron 86 personas, en ellas hubo muchos niños.

También se registraron 50 seres humanos con heridas de distinta gravedad. Entre niños, mujeres y hombres.

Ese fue “el juego que todos perdimos”, como bien se le denominó en su tiempo.

Esta pesadilla se debió a la irresponsabilidad de las autoridades del estadio, pues cuando el estadio ya estaba totalmente lleno, abrieron las puertas, con lo cual obviamente se generó un sobre cupo de aficionados.

Lamentablemente, mis compañeros de la Tricolor y yo vimos morir gente frente a nuestros ojos.

Fue algo muy difícil para todos. Incluso, muchos tuvimos que llevar un tratamiento psicológico para sobreponernos de esa noche de espanto.

Ahora, que está por empezar la eliminatoria hacia el Mundial de Rusia 2018, espero que este proceso sea un acontecimiento relacionado simplemente con fútbol.

Ojalá no haya violencia ni actos racistas. Que todo sea con respeto hacia nuestros hermanos de otros países y que todos aceptemos al final los resultados de los partidos, donde deber: la cancha.

Señores aficionados, disfruten del deporte más lindó del mundo.

Aquí les dejo algunos vídeos de este acontecimiento histórico con el objetivo de que hagamos todo lo posible para que no se vuelva a repetir.

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El josefino Hernán Evaristo Medford Bryan, hoy director técnico de profesión, está instalado en el repertorio de los mejores futbolistas de la historia del fútbol costarricense. Empezó en este deporte en 1980, con 12 años, y se retiró en el 2003, tras jugar para Barrio México (1980- 1985), en ligas menores y la Segunda División; Sagrada Familia (1986); y Deportivo Saprissa (1987-1990, 1993-1994 y 2002-2003), en Costa Rica; Dinamo Zagreb (1990), en Yugoslavia; Rapid de Viena (1991), en Austria; Rayo Vallecano (1991-1992), en España; Foggia (1992-1993), en Italia; Pachuca, (1994-1997), León de Guanajuato, México (1997-2000), y Necaxa (2000-2002), en México. Como jugador del Saprissa ganó tres títulos nacionales (1988, 1989 y 1994) y uno de la Concacaf (1993), además de que monarca de la Liga de Ascenso de España en 1992 con el Rayo Vallecano y de la Primera A de México en 1995-1996 para ascender a la liga profesional con Pachuca, que retiró de por vida su camiseta número 17. También se convirtió en Zagreb en el primer centroamericano en disputar la Copa de la UEFA (hoy ‘Europa League’), junto a Ronald González. En su carrera marcó más de 136 goles en clubes profesionales de seis países y fue elegido el jugador tico más destacado en la década de 1990-1999. Como seleccionado jugó en el Mundial Infantil Sub-16 de China 1985 (anotó ocho goles en el proceso; uno fue a Arabia Saudí en el Mundial), las Copas América de Bolivia 1997 y Colombia 2001, los Mundiales mayores de Italia 1990 (hizo un gol a Suecia) y Corea del Sur y Japón 2002; sumó 18 goles en 89 juegos de clase A. También marcó el famoso del ‘Aztecazo’ a México en el Premundial del 2002, al quitarle al ‘Tri’ un invicto eliminatorio en el Estadio Azteca. Actuó con selecciones de estrellas mundiales, durante las despedidas del arquero inglés Peter Shilton, (1990) y del volante brasileño Dirceu Guimaraes (1991).Como director técnico, dirigió al Saprissa (2003-2006), la Selección de Costa Rica (2006-2008), el León de México (2009), Xelajú Mario Camposeco de Guatemala (2011 -2013 y desde el 2015), el, Real España de Honduras (2013 -20114 y 2015) y la Selección de Honduras (2014). Entre sus logros en el banquillo figuran con Saprissa dos títulos nacionales (2004 y 2006), uno de la Concacaf (2005) y un tercer lugar en el Mundial de Clubes de la FIFA (2005); uno con Xelajú en Guatemala (2012) y otro con Real España en Honduras (Apertura 2013); una vez ganó el grupo 8 de la Liga de Campeones de la Concacaf ante Chivas de Guadalajara (México) y el W Connection (Trinidad y Tobago). Con la Selección ganó la Copa Uncaf en El Salvador (2007) y superó la primera ronda eliminatoria al Mundial de Sudáfrica (2010). Fue elegido una vez entrenador mundial Nº 18, tercero de América y primero de la Concacaf. Dos veces fue nombrado el técnico del año en Costa Rica y una vez en Guatemala; único entrenador de Centroamérica en lograr tres campeonatos en distinto países.

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