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El equipo de Costa Rica se ubicó como la octava mejor selección en el último Mundial de Brasil 2014, pero eso no quiere decir que su balompié sea la octava potencia del planeta; ni mucho menos posee la segunda mejor liga del área, en la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Fútbol (Concacaf).

Esta es una realidad incuestionable y no debe llamar al engaño, pues no existen dudas sobre este tema. De los pocos hechos rescatables está el rendimiento deportivo de nuestros equipos tradicionales, Saprissa, Herediano y Alajuelense, que hicieron historia y lograron por primera vez avanzar a la ronda de cuartos de final de la Liga de Campeones de la Concacaf.

Aunque no basta que solo tres instituciones destaquen en el ámbito interacional, se requiere (para una comparación objetiva con otras ligas de la zona) que los 12 clubes sean competitivos en todos los campos.

Lo anterior no es computable por ahora. Está clarísimo que la infraestructura en el campeonato de la Primera División es pobre y débil, con muchas falencias. Lo poco que los conjuntos han hecho son inversiones tenues para maquillar sus estadios, canchas de juego y oficinas administrativas.

Si echamos una mirada al pasado –porque todo tiene un antecedente para repasar–, nos encontraremos un panorama parecido al actual. Por siete años, los equipos adscritos a la Unafut se han mantenido constantes en los atrasos en los requerimientos de la FIFA y se han dedicado a pedir prórrogas al inicio de cada torneo, por lo que se ve cada vez más lejos que normalicen su situación económica y más bien acrecientan las deudas con los organismos del estado.

Hubo una excepción a la regla. La dirigencia hizo desembolsos millonarios para que los recintos morados y erizos estuvieran acorde a las exigencias que formuló la FIFA y fueran utilizados aquí como sedes del Mundial Femenino Sub-17.

Pero si ponemos los pies en el presente, nos encontraremos coliseos con iluminación deficiente en la mayoría de las instituciones, que los obliga a programar partidos en horas de la tarde, con el consabido hecho de que pocos seguidores los acompañan en el campeonato por jugarse en horario laboral.

Lo ideal es poder contar con estadios más dignos y adecuados, con equipos con finanzas sanas y al día, y con jugadores ambiciosos en trascender aquí y afuera.

De momento, mientras se llega a este estado ideal para profesionalizar nuestro fútbol, la afirmación de que tenemos la segunda liga de la Concacaf es un completo espejismo.

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Tiene 35 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Noticias Monumental, de Radio Monumental (1981-1983), y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (1991-1992). Estuvo ligado al Grupo Nación, primero en la revista “Triunfo” (1983-1991 y 1992-1993), luego en los periódicos “Al Día” (1993-1995) y “La Nación” (1995-2014). Fue designado “Redactor del Año” de “La Nación” en 1997 y obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas” en 1993 (compartido) y 2013. Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional, especializado en datos de selecciones nacionales de fútbol y de los futbolistas costarricenses que juegan en el exterior. Desde 1995 escribe la columna “Buzón de Rodrigo”, en la que responde consulta de los lectores.

Tiene amplia experiencia en la cobertura de Mundiales de Fútbol en todas las categorías, así como de la Copa América 2011, la Copa de Oro del 2000 y la “Champions League” de la UEFA del 2000. Del 2010 al 2014 fue subeditor de Puro Deporte (“La Nación”), encargado de publicaciones deportivas especiales. Desde 1989 es corresponsal del semanario “France Football” de Francia y, desde 1990, integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania.

A partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football”, para elegir cada año al mejor jugador del mundo.

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