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Celso Borges anota a EE. UU. en el Nacional hacia Brasil 2014 (AFP).

Hace más de 47 años, el 20 de diciembre de 1967, mi padre, Humberto Calvo Astúa –ya fallecido– me llevó, de la mano, por primera vez a un estadio de fútbol y ahí empezó mi afición por el deporte.

Aquella noche había mucha expectación por el partido amistoso que realizaría el Deportivo Saprissa ante la Selección Mayor de Hungría, que se preparaba para los Juegos Olímpicos de México 1968.

Recuerdo que, ante el tumulto que se vislumbraba, mi papá dejó su automóvil en un parqueo lejano, en el Paseo Colón, y nos fuimos caminando a través de La Sabana hasta el escenario del partido, el viejo Estadio Nacional, que me impresionó por el llenazo en los cuatro costados.

Confieso que no puse mucha atención al juego (tenía siete años de edad), pero me cautivaron las paradas del arquero morado, Víctor Hugo Quesada, el famoso Gata de lujo, padre del periodista de Deportes Monumental, Hugo Quesada, y del exportero Osvaldo Quesada.

Nunca olvidaré lo que me impresionó la forma en que sonó el balón al pegar en el pecho de Quesada, dado el fuerte impacto del remate de uno de los artilleros magiares.

Los húngaros ganaron esa vez 3-1, con tres dianas de Laszlo Fazekas, posterior verdugo de El Salvador en la goleada histórica de los Mundiales por 10-1, en España 1982. El puntero Luis Aguilar consiguió el tanto de descuento para el Saprissa.

Desde entonces, le tomé cariño a este estadio y confirmé la frase famosa del colega, Javier Rojas González: “ir al estadio es una buena costumbre”.

Como seguidor del fútbol, registré otras inolvidables visitas a la antigua estructura del Nacional, como la vez que Saprissa le igualó 1-1 al Santos de Pelé, en un enorme amistoso de 1972 –con golazo incluido de Édgar Marín–; además de que presencié finales del campeonato, como el increíble partido de los penales que en 1971 le ganó Alajuelense al Saprissa (3-1), luego de intensos 120 minutos; o cuando el Herediano se impuso en las series finales contra el Municipal Puntarenas (1978) y el Cartaginés (1979).

Años más tarde, ya como periodista, presencié grandes acontecimientos deportivos, como la clasificación en 1983 que la Tricolor la ganó a Honduras (3-2), en ruta a la Olimpiada de Los Ángeles 1984; o el boleto histórico en el primer lugar de la Concacaf al Mundial de Italia 1990, tras el triunfo 1-0 a El Salvador con el golazo de cabeza de Pastor Fernández.

A partir de la inauguración del nuevo Estadio Nacional, en marzo del 2011, volvimos a experimentar grandes acontecimientos del deporte, como la clasificación al Mundial de Brasil 2014, la Copa Uncaf del 2013, los Juegos Centroamericanos y los amistosos ante grandes selecciones ante Argentina (0-0), Brasil (0-1) y el anterior campeón mundial, España (2-2).

Este bonito sentimiento de estar presente en los graderíos nunca se debe perder. Le cabe a las autoridades deportivas del país controlar a las barras organizadas y frenar todo conato de violencia; pues los estadios deben ser, en todo momento, un sitio seguro que invite a las familias a disfrutar los partidos.

Ya sea un choque de la Selección Mayor, de nuestros torneos del balompié federado o del Saprissa, Alajuelense y Herediano en la Liga de Campeones de la Concacaf, los aficionados deben ir con pasión y fervor a los recintos deportivos, con el propósito apoyar en forma incondicional al equipo de sus amores.

Porque siempre será un placer y una buena costumbre asistir –cada semana– a los estadios de nuestro país.

 

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Tiene 35 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Noticias Monumental, de Radio Monumental (1981-1983), y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (1991-1992). Estuvo ligado al Grupo Nación, primero en la revista “Triunfo” (1983-1991 y 1992-1993), luego en los periódicos “Al Día” (1993-1995) y “La Nación” (1995-2014). Fue designado “Redactor del Año” de “La Nación” en 1997 y obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas” en 1993 (compartido) y 2013. Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional, especializado en datos de selecciones nacionales de fútbol y de los futbolistas costarricenses que juegan en el exterior. Desde 1995 escribe la columna “Buzón de Rodrigo”, en la que responde consulta de los lectores.

Tiene amplia experiencia en la cobertura de Mundiales de Fútbol en todas las categorías, así como de la Copa América 2011, la Copa de Oro del 2000 y la “Champions League” de la UEFA del 2000. Del 2010 al 2014 fue subeditor de Puro Deporte (“La Nación”), encargado de publicaciones deportivas especiales. Desde 1989 es corresponsal del semanario “France Football” de Francia y, desde 1990, integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania.

A partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football”, para elegir cada año al mejor jugador del mundo.

1 Comentario

  1. En la medida en que siga aumentando el nivel de nuestras selecciones y nuestros clubes y continúe mejorando la seguridad y el control de las barras de fanáticos extremistas, las familias irán retornando a nuestros estadios como cuando éramos niños.

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