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Después de quedar eliminado del Torneo de Verano, el Club Sport Cartaginés ligó tres victorias seguidas contra Uruguay, Universidad de Costa Rica y Liberia. En la acción, su atacante Jorge Alejandro Castro (centro) domina el balón ante los académicos José Vargas (izquierda) y James Scott, el pasado domingo 17 de abril en el estadio José Rafael 'Fello' Meza, de Cartago (foto Facebook de la Unafut).

Por: José Miguel Loaiza Baldares (*)

José Miguel Loaiza Baldares es aficionado del Cartaginés.
José Miguel Loaiza Baldares es aficionado del Cartaginés.

Lo que en principio parecía una temporada promisoria y llena de esperanzas e ilusiones, se volvió a convertir en un rotundo fracaso y en una nueva decepción.

Parece la misma historia que se repite año tras año, con el mismo final, pero con diferentes protagonistas.

Claro, ha habido excepciones. La inolvidable campaña de 1983 en la Segunda División, al mando de Juan José Gámez; el título de la Concacaf en 1995, de la mano del brasileño Flavio Ortega; y el Torneo de Verano 2013 con Javier Delgado.

Estamos hablando de tres grandes alegrías en los últimos 33 años.

¡Qué difícil! Son a cuenta gotas.

¿Quién es el responsable de tantas y tantas decepciones y tristezas?

¿Jugadores, técnicos, directivos, la afición, el Muñeco?

Lo del Club Sport Cartaginés es un fenómeno social más que deportivo.

El Cartaginés perdió el pasado 10 de abril toda posibilidad matemática de avanzar a la segunda ronda de semifinales del Verano 2016, tras perder 2-0 contra Saprissa en el reducto morado. En la acción, el local Mynor Escoe es vigilado por los brumosos Jameson Scott (Nº13), Roy Smith, Mauricio Castillo y José Eduardo Leiva (fotografía: José Campos y Luis Alvarado/www.PMEimages.com).
El Cartaginés perdió el pasado 10 de abril toda posibilidad matemática de avanzar a la segunda ronda de semifinales del Verano 2016, tras perder 2-0 contra Saprissa en el reducto morado. En la acción, el local Mynor Escoe es vigilado por los brumosos Jameson Scott (Nº13), Roy Smith, Mauricio Castillo y José Eduardo Leiva (fotografía: José Campos y Luis Alvarado/www.PMEimages.com).

Por el club han pasado decenas de técnicos, igual cantidad de directivos, centenares de jugadores, y todo sigue igual.

En los últimos 20 años, al menos, pasaron entrenadores de todos los estilos y filosofías, unos de carácter fuerte y explosivo, como el uruguayo Carlos Linaris, Mauricio Wright y Ronald Macho Mora; de un estilo conciliador y pasivo como el uruguayo César Eduardo Méndez, el mexicano Enrique Meza y el argentino Carlos de Toro; académicos y motivadores como Javier Delgado y Johnny Chaves, “paquetazos” como el argentino Luis Manuel Blanco, ídolos como el uruguayo Claudio Fabián Ciccia, apaga fuegos como el español Juan Luis Hernández Fuertes; en fin, checos, españoles, hondureños, argentinos, uruguayos, brasileños y la lista sigue.

Y como diría el cantante español Julio Iglesias, en su célebre canción, “La vida sigue igual“.

El pasado domingo 10 de abril, luego de la derrota 2-0 ante el Saprissa en la “Cueva“, que sepultó y enterró cualquier posibilidad brumosa de clasificarse a las semifinales del Torneo de Verano 2016, el técnico César Eduardo Méndez dijo que nunca le había tocado dirigir a un equipo tan complicado como el Cartaginés, que habían cosas que no podía explicar y que era un tema muy complejo.

Ricardo Blanco (derecha) fue uno de los refuerzos del Cartaginés en esta temporada, que ha tenido un rendimiento irregular en el mediocampo brumoso (fotografía: José Campos y Luis Alvarado/www.PMEimages.com).
Ricardo Blanco (derecha) fue uno de los refuerzos del Cartaginés en esta temporada, que ha tenido un rendimiento irregular en el mediocampo brumoso (fotografía: José Campos y Luis Alvarado/www.PMEimages.com).

Repetimos, lo que pasa en el equipo blanquiazul, pasa por algo más sicólogico y mental que deportivo.

La única tabla de salvación que se visualiza a corto plazo, después de que el equipo ya eliminado del Verano 2013 se impuso en fila a Uruguay (1-0), Universidad de Costa Rica (2-1) y Liberia (1-0), es la llegada de un inversionista de verdad, que llegue a poner dólares, a poner el “huevo”, no a vender humo como Sendero Azul o el empresario Roy Rivera –popularmente conocido como “el Tomatero”–, que no juegue con la necesidad y desesperación de un equipo y una afición; que contrate jugadores de élite, de categoría, que elabore una estructura de ligas menores como la del Saprissa.

En fin, se debe cambiar por completo nuestra mentalidad en pequeñito, mirar hacia arriba y pensar en grande, como lo merece un equipo que el próximo 1º de julio cumple 110 años de fundación, y que cuenta con una de las mejores y más leales aficiones de América.

Y mientas esto no suceda, seguiremos muy tristemente sumando años sin alzar la copa y sin llegar a ese ansiado cuarto título, en el Campeonato Nacional de la Primera División.

(*) José Miguel Loaiza Baldares es seguidor del Club Sport Cartaginés y autor de la columna “La Esquina Azul” en Cronica.cr.

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