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Eduardo Galeano con una camiseta del equipo Colo Colo de Chile. Foto tomada de El Gráfico de Chile

A Eduardo Galeano nunca lo conocí, pero sí sus obras. Me marcó “Las venas abiertas de América Latina”, un texto que era moneda de uso común en mi época de estudiante de Historia en la Universidad de Costa Rica.

Ya metido en estas lides del deporte, me deleité con “Fútbol a Sol y Sombra”.

Este libro es un texto obligatorio para entender el fútbol, pero especial, porque lo explica en palabras sencillas.

Galeano fue uno de los primeros intelectuales de nuestra región que no se avergonzó de ser hincha del fútbol.

El ejemplo claro de rechazo al balompié lo dijo el querido argentino Jorge Luis Borges: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”.

Umberto Eco, autor italiano de “El Nombre de la Rosa”, tenía su propia visión: “Yo no odio el fútbol, yo odio a los apasionados del fútbol”.

El dramaturgo irlandés Oscar Wilde tiene un par de frases despectivas en relación al fútbol: “El rugby es un juego de bárbaros practicado por caballeros y el fútbol, un juego de caballeros practicado por bárbaros”. También dijo: “Como juego, el fútbol está muy bien para chicas toscas, pero es apenas conveniente para chicos delicados”.

El argentino Roberto Fontanarrosa, El Negro, les tenía una respuesta fulminante: “Algunos intelectuales serios habrán ocupado sus horas leyendo a Tolstoi, mientras yo leía El Gráfico (revista deportiva argentina muy célebre)”.

Galeano también contestó en forma magistral: “¿En qué se parece el fútbol a Dios?. En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.

Algunos seguían el fútbol subrepticiamente, pero lo negaban en público porque era “políticamente incorrecto” que un intelectual tuviera alguna relación con ese otro “opio de los pueblos” (el más grande era la religión).

En Europa hubo grandes intelectuales de fuste que se declararon futboleros.

El filósofo francés Albert Camus (“El Extranjero”), dijo “ Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

Otro galo, Jean Paul Sartre, aseveró “en un partido de fútbol todo se complica por la presencia del equipo contrario”.

Javier Marías afirmó que que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia”, Antonio Gramsci que el fútbol es “el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre” y Milan Kundera sostuvo que “tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo”.

Gabriel García Márquez, hincha del Atlético Júnior de Barranquilla, también habló de fútbol y sabía bastante de él pues antes de consumirse como escritor que ganó el Nobel de Literatura fue redactor y cronista deportivo.

En su libro, “Futbol a sol y sombra”, Galeano da una maravillosa descripción del fútbol.

Basta con dejarles aquí un tema con el objetivo de invitarlos a leer el libro de este genial escritor que falleció este lunes en Montevideo.

El gol

El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna.

Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos.

Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos.

El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco.

El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire.

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Bachiller de Historia en la UCR, egresado de la Maestría Centroamericana de Historia. Ejerce el periodismo desde 1991 en el Semanario Universidad de la UCR, La República y La Nación. Ha cubierto Juegos Nacionales, Vuelta a Costa Rica, Juegos Centroamericanos, Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Mundial Infantil (Finlandia), Juegos Olímpicos (Atenas 2004), Transat (competencia de veleros) y gran cantidad de partidos de la Selección Nacional en América, Europa y Asia. En La Nación ejerció durante 21 años, en los que fue Subeditor de Deportes (2005 a 2008), Editor Web de Deportes (2008 a 2011). Recibió los premios como Periodista Web de La Nacion (2009) y Tributo Gatorade 2010 (Especilidad: Libertad).

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