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Para el escritor Warren Ulloa, Deyver Vega (Nº 14) "no mostró nada" en la Selección de Costa Rica y "la camisa le queda grande". Aquí ante el colombiano Juan Cuadrado, en un amistoso que la 'Tricolor' perdió 0-1 en junio pasado, en Buenos Aires, Argentina (foto AFP).

El fútbol como tal ha dejado de ser un juego a convertirse en un negocio que genera miles de millones de dólares en ganancias; donde los jugadores han alcanzado estándares que en otrora tenían las estrellas del cine; ahora un jugador es tan importante e influyente como un actor de Hollywood o un cantante pop y lo demuestran los seguidores que una estrella como Messi, Cristiano, el mismo Keylor Navas cuentan en su redes sociales.

Un jugador de fútbol goza de salarios extravagantes solo por patear una bola y alegrar a la masa, como ocurría en la Roma antigua donde los gladiadores disfrutaban de ciertos beneficios otorgados por el César de turno.

Siendo el fútbol un deporte tan impactante a nivel social, los mismos futbolistas no dejan de estar influenciados por esa enorme mercadotecnia aspiracional y más en países tercermundistas como el nuestro donde muchos, sin haber debutado en la Primera División, desean dar el salto más allá del atlántico y jugar afuera, pero mientras eso pasa, algunos jugadores acá, se la creen antes de tiempo y juegan más para su ego que para su equipo, se cortan el cabello como Cristiano Ronaldo (valga la aclaración: que vende esa imagen idílica de súper jugador) y he visto algunos jugadores que caen en el pecado de la ignorancia tratar de imitarlo, como el de Deyver Vega, que recientemente ofendió a una figura importante tanto del saprissismo como del fútbol nacional como Erick Lonnis diciendo que no lo conocía.

Quiso lavarse las manos en su red social (con espantosas faltas orográficas) donde pedía disculpas y cerraba aquella escaramuza con la frase de bendiciones; lamentable que alguien que se diga cristiano, (no Ronaldo) sino en fe, sea capaz de caer en actos de arrogancia absoluta y trate de calmar todo con una frase cliché de bendiciones luego de tanta altanería. Ya lo dijo Gandhi: “Me gusta Cristo, no me gustan los cristianos, no se parecen a él”; de seguro de haber conocido a Deyver Vega afirmaría tal aclaración.

Pero el caso del jugador del Saprissa representa muchas veces esa esperanza aspiracional que vende el mercado fútbol a muchos futbolistas en el planeta y que se repite en nuestro fútbol mejenga de país pobre. Un futbolista costarricense, sin mucha formación intelectual, es fácil que pierda la cabeza añorando dar el salto, salir de acá, ganar buen dinero, vivir en Europa o la MLS, darse una buena vida, pero como verán pocos lo hacen y si lo hacen no todos se sostienen a los goces del oficio y mucho menos a las exigencias del mismo. Además, no todos van a jugar en Grandes Ligas.

Deyver Vega es un buen jugador, tiene algunos elementos de juego que lo hacen interesante, pero no siempre muestra ese talento ya que es un jugador con muchos altibajos de juego y que en la Sele, que es la mejor vitrina, no ha mostrado nada y la camisa le queda grande, por eso que diga que no conoce a Lonnis –que es de esos morados que sienten los colores, que llegó a defender el arco de la Roja con pundonor– demuestra que Vega es una víctima de ese atroz mercado capitalista que corroe la sociedad y también el fútbol.

Quizá ahí radique la diferencia entre Lonnis o jugadores de su generación con esa nueva generación de futbolistas; muchas de esas grandes figuras de antaño disfrutaban jugar acá, sentirse queridos acá, admirados u odiados acá; quizá sí tenían el sueño de jugar afuera, pero no se desvivían por cumplirlo, a muchos les bastaba sentirse estrellas acá.

Deyver y esos que llaman princesos, deben dejar de llenarse la cabeza con fantasías muy poco realizables, callar la voz que lo saca de concentración y jugar, ahora que pueden. Porque dudo que Vega vaya a correr la suerte de jugar en una liga importante, vamos a ver si sus bendiciones le ayudan. Lo dudo mucho.

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Ha publicado el cuentario Finales aparentes 2008 y la novela Bajo la lluvia Dios no existe 2011 ( Premio Nacional Aquileo J. Echeverría 2011) Ambos libros fueron publicados por Uruk Editores y Elefantes de grafito (2015). Participó en la feria del libro de Fráncfort, Alemania, el festival Centroamérica Cuenta, Nicaragua y del programa Latinoamérica viva, de la feria del libro de Guadalajara. Su cuento “El sacrofetichista” fue incluido en la antología “Un espejo roto” de Sergio Ramírez y traducido al alemán para la antología Zwischen Süd und Nord, Neue Erzähler aus Mittelemaerika. Actualmente, es director de la revista literaria centroamericana www.literofilia.com además de locutor y director del programa radial: Literofilia Radio, transmitido por Radio Nacional, 101,5 fm.

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