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David Guzmán (centro) no jugará el miércoles ante Alajuelense en el juego de vuelta de las seminales del Torneo de Verano. Foto de archivo

Aún se desconocen todos los hechos en que se vio envuelto el volante David Guzmán, pero ya casi todos adelantaron criterio.

Unos, lanza en ristre y sin precisar los acontecimientos, lo atacan sin misericordia. Otros, también ignorantes de lo ocurrido, lo defienden a capa y espada, y lo eximen de toda culpa.

De momento, no queda claro si el mediocampista fue en verdad agredido ni qué hacía en una mejenga en cancha de fútbol 7, un sitio peligroso para un jugador de la Primera División.

Así las cosas, lo que nos enseña este episodio, más allá de las responsabilidades legales y contractuales que debe asumir Guzmán y las groserías que vemos en las redes sociales, así como los biliares comentarios que cunden urbi et orbi, es la responsabilidad que tienen las figuras públicas ligadas al deporte y las autoridades policiales.

Está claro que los deportistas deben soportar situaciones poco usuales para los demás mortales: Son reconocidos, para bien o para mal, en cualquier sitio público.

La interrogante es, en caso de sufrir un abordaje negativo, hasta dónde deben soportar o qué comportamiento deben seguir en estos casos.

Parece obvio que Guzmán tuvo muy poca tolerancia cuando fue aparentemente ofendido y, en consecuencia, deberá asumir la responsabilidad del caso.

De igual modo, la Fuerza Pública nos debe una explicación del porqué exhibió a Guzmán en la forma que lo hizo, esposado y sin taparle el rostro, una situación inusual en los procedimientos policiales hasta con los peores criminales.

No convencen las explicaciones dadas: Que aplicaron el protocolo, según el cual, en caso de una falta menor, como la que supuestamente cometió Guzmán, no amerita taparle la cara, pero sí esposarlo.

Si esto es así, quedan dos cosas claras: 1) que este protocolo está mal y se debe corregir con carácter de urgencia, y 2) que a la policía le faltó malicia para prever el daño moral que se le hizo al futbolista.

El accionar de las autoridades en este caso más bien da pie para sospechar que obedeció a un show mediático y no a la aplicación de la ley.

Y aquí cabe la pregunta del millón: ¿Qué garantías tendemos los ciudadanos de que mañana no nos aplicarán esta misma medida?

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Bachiller de Historia en la UCR, egresado de la Maestría Centroamericana de Historia. Ejerce el periodismo desde 1991 en el Semanario Universidad de la UCR, La República y La Nación. Ha cubierto Juegos Nacionales, Vuelta a Costa Rica, Juegos Centroamericanos, Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Mundial Infantil (Finlandia), Juegos Olímpicos (Atenas 2004), Transat (competencia de veleros) y gran cantidad de partidos de la Selección Nacional en América, Europa y Asia. En La Nación ejerció durante 21 años, en los que fue Subeditor de Deportes (2005 a 2008), Editor Web de Deportes (2008 a 2011). Recibió los premios como Periodista Web de La Nacion (2009) y Tributo Gatorade 2010 (Especilidad: Libertad).

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